En la existencia somos como niños pequeños, indefensos y vulnerables, pero gozamos con libertad para decir "sí, quiero". Eso es lo que hacen los hijo al someterse al parecer de su padre, por amor. El hijo se encuentra seguro en el hogar, con su padre que le ama. Su único temor es separarse del Padre, lo demás es amor, luz y alegría.
El niño que no quiere someterse al parecer de su padre, se va de casa en busca de la "propia afirmación del YO". Ese YO se siente poderoso, no por quien es, sino por lo que va consigueindo, pero sabe que no vale nada sin corresponder al amor de quien procede, quien le ha creado con una intención. El YO se convierte en un tirano y prisionero por su propia insatisfacción, y por la duda constante de quien no se siente seguro. La incertidumbre genera ansiedad, temor y los fracasos frustran y derrumban. En el hogar también hay fracasos pero el padre, creador y conocedor de todo, todo lo arregla o reconduce hacia el amor.
Cuando no te valoras por tu aunténtico y más valioso valor: "Ser Hijo del Amor", sólo puedes sentirte valorado por tus propios méritos... Por mucho que quieras, siempre serán una miseria, y sólo sentirás tu valor por eso que tienes... una miseria. Quien no acepta su condición de "Hijo del Amor", no se respeta a sí mismo y necesita la admiració o sometimiento de los demás y de los bienes materiales para autovalorarse. Quien así actúa, se encuentra a merced de los demás y de los bienes... Ese "niño" se convierte en prisionero de su "YO", prisionero del miedo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario