jueves, 31 de mayo de 2007

La felicidad humana depende de la Visión Interior Positiva

Caer en la cuenta de la bondad de mi vida en la constante perdida, miseria y dolor es vehículo de felicidad por el amor. Sólo la visión de lo que uno ama hace feliz "Lo difícil no es celebrar una fiesta, sino encontrar quienes se alegren con ella."F. Nietzsche
La felicidad no la creamos, sino que la descubrimos y nos abrazamos a ella por medio de la VIP.
Ser feliz requiere de una constante y perenne actualización. No cabe hacer una opción preferencial por la felicidad y luego dedicarme a otra cosa.
Puedo saber dónde se encuentra mi camino, mi aventura para ser feliz, pero sólo accedo a la felicidad cuando vivo la aventura. Saber donde está el tesoro nos alegra pero sólo el quererlo (amarlo) nos lleva a la felicidad. Querer el tesoro, amarlo, implica el ir a buscarlo con la esperanza de poseserlo.
Saber que estoy en la buena aventura, la que lleva al tesoro, requiere contemplarlo, y pase lo que pase mientras goce de esta contemplación, soy feliz.
Paradógicamente, la Visión Interior Positiva se desarrolla en una realidad de sufrimiento y perdida.
Quien "gana", quien "se" está cómodo y placenteramente no siente la necesidad de fomentar la VIP, le basta con contemplarse a sí mismos y disfrutarse. Su único anhelo es ganar más, asegurarse la comodidad y renovar las situaciones placenteras. Quizás, aquí uno se sienta triunfador, pero está perdiendo. Está abriendo un abismo entre su vida real y el motivo por el que se encuentra en la vida. Poco a poco todo se pierde: la salud, la fama, el poder, lo que nos resultaba placentero ahora nos harta, lo que nos divertía, ya nos aburre. Las personas que nos admiraban, ya están decepcionadas...
Cuando los espegismos de triunfo se disipan, el hombre se siente perdido y desesperadamente busca escapar del aburrimiento, de la soledad, de la tristeza, del miedo... Con el paso del tiempo, el hombre contempla como lo va perdiendo todo y necesita de la VIP, aunque algunos se resisten y siguen apostando por lo poco que les va quedando. Con ello tratan de comprar la felicidad pero cada vez están más arruinados, ya no tienen a quien pedir más créditos existenciales.
Quien "pierde", quien padece es quien realmente gana si vive la VIP. Cuando uno ha sufrido por mucho tiempo el tormento de la sed y por fin tiene ocasión de beber, cuando al sentirse aliviado hasta en lo más hondo de sus entrañas exclama: iqué maravilla es el agua fresca! , tal vez entonces, a sabiendas o no, haya dado un paso adelante hacia esa contemplación de lo amado en la cual consiste la VIP.
"En medio de nuestras penas diarias levantamos de improviso la cabeza para contemplar un rostro vuelto hacia nosotros, y en ese mismo instante "vemos" que todo lo que existe es bueno, digno de amor, amado por Dios" (Pieper, 1984:157).
Feliz el que vive así amando y sabiéndose amado. Lo ve y es feliz.