El Espíritu sopla en tu interior y tus cualidades son zarandeadas haciendo caer sus hojas secas. El Espíritu barre la hojarasca que yace putrefacta, en el fondo recóndito del alma. El perfume del Cuerpo de Cristo se expande por la brisa del Espíritu hacia todos los rincones del alma. Su suave aroma realza cada una de tus cualidades, y hasta tus defectos se vuelven para adorarle. Sientes el poder del Espíritu.
El peso de tus defectos y faltas te doblan, pero la fuerza del Espíritu no permite que te partas. En tu interior, la brisa del Espíritu hace vibrar a tus potencias, creando un música que deseas bailar, pero sufres porque no la escuchas bien; hay mucho ruido fuera y no la oyes bien.
Estás avergonzado porque no sabes bailar la música del Espíritu, hasta que decides penetrar en tu interior para salir y expresar su Brisa, que peina tu alma con un cepillo de fe, esperanza y amor.
Ahora ya no te avergüenzas y eres más compresivo con los defectos de los demás y también con los tuyos.
Las "pupas" de tu corazón se suavizan con el soplo del Espíritu, que como una madre sopla y sopla para calmar la herida. Su fuerza milagrosa hace desaparecer las heridas cuando perdonas a quienes te han herido. Descubres que has aprendido de esos enjuiciamientos, y deseas no juzgar ya más a los demás.
El Espíritu ha liberado el aire de tu interior, ya nada te ata, ya nada te oprime, tan sólo amas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario