Vuelves del cole triscando y entras en la Capilla. Al entrar se das cuenta que María te mira, está más bella que nunca... -¡guapa!.
Después como un resorte, pones tu magullada rodilla en tierra, y saludas a Jesús Sacramentado. El tiempo se detiene, percibes la serenidad y la paz que procede del Sagrario. Te sientes sucio e indigno, pero es tu padre y no te avergüenzas. Estas un instante pero para Jesús es un saludo eterno y sublime. Sólo quiere que le ames... ¡y lo estas haciendo!.
Ves ángeles de todas las clases, están alegres y risueños de tu entrada. Tu te tapas la boca y te ríes con ellos. Ellos te acogen y te dan la bienvenida.
En tu espalda llevas la mochilla y sientes su peso. Al arrodillarte, la dejas caer a tu lado. Jesús te pregunta:
- ¿qué llevas en la bolsa hijo mio? Tú contestas:
- llevo tres agobios y dos rencores. ocho perezas, dos mentiras. Tengo cuatro deseos sucios, cinco miedos... y cuatro odios.
- ¿Y nada más?
- Bueno, tenía trece o catorce orgullos y vergüenzas pero eran tan grandes que se me han ido cayendo por el camino.
Se acerca José y te ayuda a vaciar la mochila. Lo coge todo y hace un montón. Lo deposita en el altar: -encima se pondrá a Jesús para estar más elevado.
Extiendes tus brazos y abrazas a José. Ahora te sientes más ligero. Sabes que no puedes nada, porque eres pequeño y vulnerable, pero José te ha enseñado para que aprendas de tus errores.
Reconfortado, te diriges a María y le das un beso. Te despides de Jesús y sales corriendo a contárselo a tus amigos.
Sólo ha sido un instante pero el amor lo ha convertido en un encuentro eterno de paz y de alegría.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario